lunes, 16 de febrero de 2009

Aquella mano húmeda tiembla, teme, vive. Mira sin ver. Siente.
Y algo de vos... Tu mano merodea. ...Todo de vos... Amenaza con su presencia. ...Acá, muy dentro mío. Desafía.
Tu garra advierte, protegida por agua de manantial que emana incansablemente, desparramando furia. Caen gotas de ira. Y algo de vos, todo de vos. Acá, muy dentro mío; caen gotas de amor. Se derrumban sobre ella, sobre la frágil 'ella'. Queman su envoltorio temporal, esbozando la invulnerable fusión, bosquejando tanta vesanía reprimida. Quedan impresos sobre su pellejo, todos los apuntes de aquella crónica.
Tu sudor, dejando salvajes indicios, quemó al desvanecerse sobre su epidermis. Arde, gota por gota mientras se adentra hasta el tejido dejando senderos incendiados en su interior. Y algo de vos, todo de vos. Acá, muy dentro mío.
Su suave mejilla atrajo cinco retazos -quizás- tuyos, que sin siquiera pensarlo se derritieron sobre su rostro. Y algo de vos... formando, atrapando, distorcionando y esculpiendo apasionadamente.
Imposible discernir lo verdader de lo falso; ella, de tu ser. Su faz se desdibuja. Tu sudor, repleto de secretos, la envuelve. Se convierte en ardientes llamaradas; tu fogosa ira, su candente amor. Pasión. Fuego y vos, ya no más.
Se llevó algo de vos, todo de vos. Allá muy dentro suyo.

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