Aprendí a no esperar nada. Borré cada retazo de ilusión para dejar que cada momento me sorprenda. Comprendí que indispensable es fotografiar el momento y atesorar aquellos acontecimientos que parecen morir en el recuerdo, pero se tornan imborrables. Llegué a un no lugar, en donde nada existía, en donde todo era porque simplemente es; pero al soñar con la eternidad en esa esfera pefecta, la platafroma anacrónica iba reduciendose con la brisa. El abismo llegó a la punta de mis pies. Lo extrañé todo, es mentira que olvidas con el tiempo y todo continúa como si nada hubiese sucedido. Aprendí que solo hay que llorar por lo que realmente vale la pena, y que la palabra extrañar es demadiado grande. Trepé mucho tiempo para llegar a esa esfera una vez más; mucho tiempo. Poco despues entendí que a ese mundo extravagantemente genial, el que se encuentra allá, tan alto no se llega trepando nada más. Quizás frustrada, llore solo por lo que valía la pena y me prometí seguir extrañando a ellos; aunque no vuelva, aunque lo olvide casi todo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada